de 2 a 3 de la madrugada

LA DÉCIMA HORA

Jesús llevado ante Anás

Preparación para cada HORA

Oh, Señor Jesucristo, me postro ante tu divina presencia y suplico a tu amorosísimo Corazón que me introduzca en la dolorosa meditación de las 24 HORAS, durante las cuales, por amor a nosotros, quisiste sufrir tanto en tu Cuerpo glorificado y en tu Santísima Alma, hasta la muerte en la Cruz. Oh, concédeme tu ayuda y tu gracia, dame amor, profunda compasión y comprensión de tus sufrimientos, mientras ahora medito la hora...

 Y por aquellas horas que no puedo meditar, te ofrezco mi voluntad de recordarlas y me propongo meditarlas conscientemente en cada momento que tenga que dedicar a pel cumplimiento de sus obligaciones o para dormir.

Acepta, oh Señor misericordioso, mi intención llena de amor y haz que sea para mi bien y el de todos, como si hubiera cumplido de manera eficaz y santa lo que deseo hacer.Mientras tanto, te doy gracias, oh Jesús mío, por invitarme a unirme a ti a través de la oración. Y para complacerte aún más, tomo tus pensamientos, tu lengua, tu Corazón, y voy a orar con ellos, fundiéndome por completo en tu Voluntad y en tu Amor. Extiendo mis brazos para abrazarte, apoyo mi cabeza en tu Corazón y comienzo...

Jesús, quédate siempre conmigo. Querida mamá, sigamos juntos a Jesús... Mi Jesús, Divino Guardián, velas por mi corazón y no quieres quedarte solo sin mí, por eso me despiertas y haces que esté contigo en la casa de Anás. En este momento, Anás te interroga sobre tu enseñanza y tus discípulos. Y tú, Jesús, para defender la gloria del Padre, abres tus santísimas labios y respondes con voz sonora y digna: «He hablado abiertamente y todos los que están aquí me han oído».

 

Todos tiemblan ante tu digna voz, pero la perversidad es tan grande que un sirviente, queriendo honrar a Anás, se acerca a ti y te abofetea con su mano encadenada, con tanta fuerza que te tambaleas y tu Santísimo Rostro se pone morado... Ahora entiendo, mi dulce Vida, por qué me has despertado. Tienes razón. ¿Quién te sostendría en este momento, cuando estás a punto de caer? Tus enemigos estallan en una risa diabólica, silban y aplauden, apoyando un acto tan injusto, y tú te tambaleas y no tienes a nadie en quien apoyarte... Jesús mío, te abrazo y, más aún, quisiera convertirme en un muro y ofrecerte valientemente mi mejilla, dispuesta a recibir cualquier dolor por amor a ti. Siento compasión por ti por esta ofensa y, junto contigo, te doy satisfacción por la cobardía de muchas almas que se desaniman fácilmente. Te doy satisfacción por aquellos que, por miedo, no dicen la verdad, por la falta de respeto que se debe a los sacerdotes y por las calumnias.

 

Pero veo, mi Jesús sufriente, que Anás te envía a Caifás. Tus enemigos te arrojan por las escaleras y tú, mi Amor, con esa dolorosa caída reparas por aquellos que caen en pecado bajo el manto de la oscuridad de la noche, y llamas a los herejes y a los infieles a la luz de la Fe.

 

Yo también quiero imitarte en estas compensaciones y, hasta que llegues a Caifás, te envío mis alientos para defenderte de tus enemigos. Cuando duerma, sigue siendo mi guardián y despiértame tan pronto como lo necesites. Dame tu beso y concédeme tu bendición. Yo beso tu Corazón y en Él me duermo.   

Acción de gracias después de cada HORA

Mi amado Jesús, me has llamado en esta HORA de tu Pasión para que te acompañe, y he venido. Me ha parecido oírte rezar con angustia y dolor, ofrecer expiación, sufrir y Pides la salvación de las almas con la voz más conmovedora y convincente. He intentado acompañarte en todo. Y como ahora debo dejarte para ocuparme de mi trabajo, me siento en la obligación de darles las gracias y bendecirlos.

Sí, Jesús, te doy las gracias mil veces y te bendigo por todo lo que has hecho y sufrido por mí y por todos. Te doy las gracias y te bendigo por cada gota de sangre que derramaste, por cada respiración, por cada latido de tu corazón, por cada paso, palabra, mirada, amargura e insulto que sufriste. Todo, oh Jesús mío, lo voy a marcar con mi gracias y te bendigo. Oh, Jesús mío, haz que de todo mi ser fluya hacia ti un torrente ininterrumpido de agradecimiento y bendiciones, para que pueda atraer sobre mí y sobre todos el torrente de tus bendiciones y tus gracias. Oh, Jesús, abrázame contra tu Corazón y marca con tus santísimas manos cada parte de mi ser con tu bendición, para que nada pueda salir de mí más que un himno incesante en tu honor.

Video

Scroll al inicio