de 4 a 5 de la mañana

DUODÉCIMA HORA

Jesús a merced de los soldados

Preparación para cada HORA

Oh, Señor Jesucristo, me postro ante tu divina presencia y suplico a tu amorosísimo Corazón que me introduzca en la dolorosa meditación de las 24 HORAS, durante las cuales, por amor a nosotros, quisiste sufrir tanto en tu Cuerpo glorificado y en tu Santísima Alma, hasta la muerte en la Cruz. Oh, concédeme tu ayuda y tu gracia, dame amor, profunda compasión y comprensión de tus sufrimientos, mientras ahora medito la hora...

 Y por aquellas horas que no puedo meditar, te ofrezco mi voluntad de recordarlas y me propongo meditarlas conscientemente en cada momento que tenga que dedicar a pel cumplimiento de sus obligaciones o para dormir.

Acepta, oh Señor misericordioso, mi intención llena de amor y haz que sea para mi bien y el de todos, como si hubiera cumplido de manera eficaz y santa lo que deseo hacer.Mientras tanto, te doy gracias, oh Jesús mío, por invitarme a unirme a ti a través de la oración. Y para complacerte aún más, tomo tus pensamientos, tu lengua, tu Corazón, y voy a orar con ellos, fundiéndome por completo en tu Voluntad y en tu Amor. Extiendo mis brazos para abrazarte, apoyo mi cabeza en tu Corazón y comienzo...

Mi dulce vida, Jesús, mientras dormía acurrucada contra tu Corazón, sentí los frecuentes pinchazos de las espinas que hieren tu Sagrado Corazón. Queriendo despertar contigo, para que al menos una persona viera todos tus sufrimientos y te compadeciera, me acurruco más fuerte contra tu Corazón. Sintiendo más vívidamente tus pinchazos, me despierto... Pero, ¿qué veo? ¿Qué oigo? Me gustaría esconderte en mi corazón para exponerme en tu lugar y asumir tan dolorosos sufrimientos, tan grandes insultos y humillaciones. Pero solo tu Amor puede soportar tales insultos... Mi paciente Jesús, ¿qué podías esperar de personas tan crueles?

 Veo cómo se burlan de ti. Cubren tu rostro con saliva espesa. La luz de tus hermosos ojos queda oculta por ella, pero tú, derramando lágrimas por nuestra salvación, la apartas de tus ojos. Tus enemigos los vuelven a cubrir, escupiéndote, porque sus corazones no pueden soportar la luz de tus ojos... Otros, más atrevidos en hacer el mal, abren tus dulces labios y los llenan de saliva maloliente, de modo que ellos mismos sienten repugnancia. Y como parte de esa saliva se desliza y revela la majestuosidad de tu rostro y tu dulzura sobrehumana, tiemblan y se avergüenzan de sí mismos. Y para sentirse más libres, te vendan los ojos con un trapo miserable para poder descargar toda su ira sobre tu digna Persona... Así que te golpean sin piedad, te arrastran y te pisotean. Te vuelven a golpear y aporrear en la cara y la cabeza, te arañan y te tiran del cabello. Te arrastran de un lugar a otro...

 Jesús, mi Amor, mi corazón se parte al verte sufrir tanto. Quieres que lo observe todo, pero yo siento que quisiera taparme los ojos para no ver escenas tan dolorosas, capaces de arrancar el corazón del pecho de cualquiera. Pero el amor que te tengo me obliga a ver lo que te está sucediendo. Veo que no abres la boca ni dices una palabra en tu defensa. Permaneces como un trapo en manos de los soldados y ellos pueden hacer contigo lo que quieran. Al verlos saltar sobre ti, temo que puedas morir bajo sus pies.

 Mi Bondad y mi Todo, el dolor que siento por tus sufrimientos es tan grande que me gustaría gritar en voz alta para que me oyeran allá arriba en el Cielo y llamar al Padre, al Espíritu Santo y a todos los ángeles. Y aquí en la tierra, de un extremo al otro, quisiera llamar en primer lugar a nuestra querida Madre y a todas las almas que te aman, para que, formando un círculo a tu alrededor, impidamos que esos soldados arrogantes se acerquen a ti y sigan ofendiéndote y atormentándote. Junto contigo, reparamos todos los pecados cometidos durante la noche, especialmente los cometidos por los sectarios contra tu Persona Sacramental y todas las ofensas de las almas que no te son fieles durante la noche de la prueba.

 Pero veo, mi ofendida Bondad, que los soldados, cansados y ebrios, desean descansar. Mi pobre corazón, atormentado y desgarrado por tantos de tus dolores, no quiere quedarse solo contigo, sino que necesita a alguien más que le haga compañía. Oh, mi querida Madre, sé mi compañera inseparable. ¡Abrazemos juntos a Jesús para consolarlo! Oh, Jesús, te beso junto con mi Madre y, junto con ella, dormiré el sueño del amor sobre tu Sagrado Corazón.

Acción de gracias después de cada HORA

Mi amado Jesús, me has llamado en esta HORA de tu Pasión para que te acompañe, y he venido. Me ha parecido oírte rezar con angustia y dolor, ofrecer expiación, sufrir y Pides la salvación de las almas con la voz más conmovedora y convincente. He intentado acompañarte en todo. Y como ahora debo dejarte para ocuparme de mi trabajo, me siento en la obligación de darles las gracias y bendecirlos.

Sí, Jesús, te doy las gracias mil veces y te bendigo por todo lo que has hecho y sufrido por mí y por todos. Te doy las gracias y te bendigo por cada gota de sangre que derramaste, por cada respiración, por cada latido de tu corazón, por cada paso, palabra, mirada, amargura e insulto que sufriste. Todo, oh Jesús mío, lo voy a marcar con mi gracias y te bendigo. Oh, Jesús mío, haz que de todo mi ser fluya hacia ti un torrente ininterrumpido de agradecimiento y bendiciones, para que pueda atraer sobre mí y sobre todos el torrente de tus bendiciones y tus gracias. Oh, Jesús, abrázame contra tu Corazón y marca con tus santísimas manos cada parte de mi ser con tu bendición, para que nada pueda salir de mí más que un himno incesante en tu honor.

Video

Scroll al inicio