de 6 a 7 de la mañana

LA HORA Catorce

Jesús vuelve a comparecer ante Caifás, quien confirma la sentencia de muerte y lo envía a Pilato.

Preparación para cada HORA

Oh, Señor Jesucristo, me postro ante tu divina presencia y suplico a tu amorosísimo Corazón que me introduzca en la dolorosa meditación de las 24 HORAS, durante las cuales, por amor a nosotros, quisiste sufrir tanto en tu Cuerpo glorificado y en tu Santísima Alma, hasta la muerte en la Cruz. Oh, concédeme tu ayuda y tu gracia, dame amor, profunda compasión y comprensión de tus sufrimientos, mientras ahora medito la hora...

 Y por aquellas horas que no puedo meditar, te ofrezco mi voluntad de recordarlas y me propongo meditarlas conscientemente en cada momento que tenga que dedicar a pel cumplimiento de sus obligaciones o para dormir.

Acepta, oh Señor misericordioso, mi intención llena de amor y haz que sea para mi bien y el de todos, como si hubiera cumplido de manera eficaz y santa lo que deseo hacer.Mientras tanto, te doy gracias, oh Jesús mío, por invitarme a unirme a ti a través de la oración. Y para complacerte aún más, tomo tus pensamientos, tu lengua, tu Corazón, y voy a orar con ellos, fundiéndome por completo en tu Voluntad y en tu Amor. Extiendo mis brazos para abrazarte, apoyo mi cabeza en tu Corazón y comienzo...

Mi Jesús sufriente, ya estás fuera de la prisión. Estás tan agotado que te tambaleas a cada paso... Quiero estar a tu lado para sostenerte si veo que estás a punto de caer. Sin embargo, veo que los soldados te llevan ante Caifás. Tú, oh Jesús mío, apareces entre ellos como el sol y, aunque estás desfigurado, irradias luz a tu alrededor... Veo que Caifás se regocija al verte en tan lamentable estado. El resplandor de tu luz lo ciega aún más y, en su ira, te pregunta de nuevo: ¿Eres realmente el verdadero Hijo de Dios?

 

Y tú, mi amor, con majestuosidad, con la gracia de tus palabras y con tu voz dulce y conmovedora, que conquista los corazones, respondes: Sí, soy el verdadero Hijo de Dios.

 

Y tus enemigos, aunque sienten en sí mismos toda la fuerza de tus palabras, lo reprimen todo y, sin querer saber nada más, gritan al unísono: ¡Es culpable de muerte, es culpable de muerte!

 

Caifás confirma la sentencia de muerte y te envía a Pilato. Y tú, mi condenado Jesús, aceptas esta sentencia con tal amor y sumisión que casi se la arrancas de los labios del sacerdote injusto. Y reparas todos los pecados cometidos con premeditación y mala voluntad, y los de aquellos que, en lugar de lamentarse por el mal, se regocijan y se alegran del pecado mismo, lo que los ciega y apaga toda luz y gracia... Mi Vida, Jesús, tus reparaciones y oraciones resuenan en mi corazón, así que doy reparación y rezo contigo.

 

Mi dulce Amor, veo que los soldados han perdido el poco respeto que te tenían al ver que te han condenado a muerte. Así que te agarran, aumentan la cantidad de cuerdas y cadenas y te atan tan fuerte que casi impiden cualquier movimiento de tu Divina Persona. Empujándote y arrastrándote, te sacan del palacio de Caifás...

 

Una multitud de personas te espera, pero nadie está ahí para defenderte. Y tú, mi Divino Sol, te abres paso entre ellos, deseando abrazarlos a todos con tu Luz. Y cuando das tus primeros pasos, deseando encerrar en ellos todos los pasos de las criaturas, rezas y reparas por aquellos que dan sus primeros pasos para actuar con malas intenciones: algunos por venganza, otros para robar, otros para traicionar, otros para matar, etc. ¡Oh, cómo hieren tu Corazón todos estos pecados! Y para prevenir un mal tan grande, rezas, reparas y te ofreces a ti mismo.

 

Pero cuando te sigo, veo que tú, mi Sol Jesús, al salir del palacio de Caifás, te encuentras con la hermosa María, nuestra querida Madre... Vuestras miradas se cruzan y se hieren mutuamente. Aunque os consoláis al veros, surgen nuevos sufrimientos: en ti, al ver a tu hermosa Madre profundamente herida, pálida y cubierta de luto, y en tu querida Madre, al verte a ti, el Sol Divino, ensombrecido, cubierto de tantas abominaciones, llorando y cubierto de sangre... Pero no podéis disfrutar mucho tiempo del intercambio de miradas. Con el dolor de no poder intercambiar ni una sola palabra, vuestros corazones se lo dicen todo. Fundiéndoos el uno en el otro, dejáis de miraros, porque los soldados te empujan. Así, pisoteado y arrastrado, llegas a Pilato... Jesús mío, me uno a tu madre profundamente herida para seguirte y fundirme contigo junto a ella. Dirige tu mirada de amor hacia mí y bendíceme.

Acción de gracias después de cada HORA

Mi amado Jesús, me has llamado en esta HORA de tu Pasión para que te acompañe, y he venido. Me ha parecido oírte rezar con angustia y dolor, ofrecer expiación, sufrir y Pides la salvación de las almas con la voz más conmovedora y convincente. He intentado acompañarte en todo. Y como ahora debo dejarte para ocuparme de mi trabajo, me siento en la obligación de darles las gracias y bendecirlos.

Sí, Jesús, te doy las gracias mil veces y te bendigo por todo lo que has hecho y sufrido por mí y por todos. Te doy las gracias y te bendigo por cada gota de sangre que derramaste, por cada respiración, por cada latido de tu corazón, por cada paso, palabra, mirada, amargura e insulto que sufriste. Todo, oh Jesús mío, lo voy a marcar con mi gracias y te bendigo. Oh, Jesús mío, haz que de todo mi ser fluya hacia ti un torrente ininterrumpido de agradecimiento y bendiciones, para que pueda atraer sobre mí y sobre todos el torrente de tus bendiciones y tus gracias. Oh, Jesús, abrázame contra tu Corazón y marca con tus santísimas manos cada parte de mi ser con tu bendición, para que nada pueda salir de mí más que un himno incesante en tu honor.

Video

Scroll al inicio